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Blog de Pastor

LAS VEGAS: ¿CIUDAD DEL VICIO?

Pues no, señoras y señores: ciudad del entretenimiento. Cada vez me gusta más cómo se lo ha montado aquí la mafia. Y digo bien, porque esto lo controlan ellos. Todo, desde la limpieza de las calles hasta el agua mineral de los casinos y hoteles. Y la cosa funciona. Está repleto de cámaras, tipo Gran Hermano, pero no hace falta. El que se pasa sabe con quién se la está jugando -nunca mejor dicho- y no hay problemas. Entre ellos y con los listillos, estos se resuelven con una invitación a un paseo en coche o a una fiesta, un rollo de plástico, un balazo en la nuca y un hoyo en el desierto de Mojave. Discretamente. No a tiros en las pizzerías, como el crimen organizado europeo en Marbella, ya que esto sería “malo para el negocio”. Y es que Las Vegas es como una gran Disneylandia, pero para los mayores. Cuando llevamos a nuestros retoños a ver al ratón Mickey y compañía ellos son los reyes y nosotros los vasallos. A tragar. Pues bien, aquí la cosa es igual, pero los que tragan son ellos. Los papis se lo pasan pipa: restaurantes, tiendas de lujo, espectáculos de primera línea, juego, complejos termales, relax, discotecas alucinantes… El pasar la tarde en el poker o en el blackjack se ve como un rato de diversión, no de ludopatía. Insisto en que veo imposible replicar este modelo en el Viejo Continente. El enfoque es distinto, la percepción es distinta y los que controlan allí el tema, por desgracia, son también distintos. 
Y tras estos comentarios, me zambullo en las picas, tréboles, diamantes y corazones, que para eso estamos aquí. Bueno, para eso y otras cositas que se me van ocurriendo sobre la marcha. La verdad es que esto es el paraíso del poker. Y es que, claro, lo inventaron ellos. Estoy en capilla para el evento principal de las World Series of Poker (WSOP), y hay por aquí un tropel de españoles; unos dándole al naipe y otros haciendo el zángano, alguno de los cuales llama “primos” a los nativos, hasta que acaban pelados como una gamba de Huelva en un chiringuito de la playa. Estos días he estado sobre todo en la sala de poker de The Venetian. ¿Por qué? Porque me pilla a cinco minutos de mi habitación y está bastante bien. Los torneos que hay en estas fechas son más que aceptables: un ejemplo, texas hold´em sin límite 300+40$, y te dan 12.000 fichas de inicio con niveles de 40 minutos. El primero se embolsa unos 50.000 pavos. Qué les parece. Además, el tío que selecciona a las camareras del local es un fenómeno, y el que les ha diseñado el corpiño o similar que llevan las mendas es un genio. ¡Madre mía! El que escribe estas líneas se ha centrado más en las partidas de dinero que en los campeonatos, aunque en uno rondamos la mesa final y llegamos a premios. Toco, sobre todo, texas sin límite 5-10$ y, por el momento, las cosas marchan viento en popa. Virgencita, virgencita, que me quede como estoy, que no me quejo.
En fin, para terminar un sucedido, para que no se piensen que por aquí es oro todo lo que reluce. Unos jóvenes mancebos compatriotas decidieron explorar los placeres de los masajes con “final feliz” de la ciudad. Acudieron, aconsejados por un taxista, a uno de ellos. Se acordó un precio, y, a la conclusión, no hubo felicidad. Ante las protestas de los toritos, dos energúmenos como castillos les dijeron que habían firmado un documento. Ellos dijeron que no; pero los gorilas les enseñaron un papel y les señalaron donde estaba su rúbrica. ¡Estaba en blanco! Y con más cara que espalda les indicaban el lugar vacío de la hoja donde se decía que estaban de acuerdo con todos los servicios que habían recibido. Ponte a protestar, que encima te llevas una galleta, y de chocolate. Se fueron con la cabeza, orejas y pies relajados, mas no felices. Cosas que pasan por estos mundos de Dios. Amén. Seguiremos informando.


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